Hay conflictos que desatan pasiones. Y si hablamos de guerras civiles, hermano contra hermano, un país convulsionado, más todavía. Son pasiones encontradas, de bandos a veces irreconciliables. Uno se define por situarse, años y años después de los hechos, en la defensa de uno u otro, en la justificación de las acciones de aquellos que se sentaban a la misma mesa.
En efecto, una guerra civil no es un asunto baladí. En la guerra tradicional entre países, el enemigo es extranjero. Reconforta y a la vez aúna odios. Aquél que amenaza tu integridad, la de tu familia, la de tu nación, es un invasor extranjero, cruel y ambicioso. Desde luego, es algo más aséptico, más sencillo. Cada uno sabe su papel.
Ahora bien, cuando el enemigo es tu hermano, tu vecino, el conflicto se vuelve más “sucio”. Luchas, además de por defender a tu familia y a tí mismo de las balas asesinas, por defender un ideal, por lealtad a un concepto de legitimidad, y, por qué no, por elegir sabiamente el bando ganador.
Surgen entonces las más bajas pasiones, las más peligrosas. Matas al vecino porque es comunista o católico, porque es tu contrario, pero también porque no le has perdonado que siempre fuera más rico que tú, o que tuviera más éxito, o que cambiara las lindes de tus tierras y se saliera con la suya. Luchas porque ya no crees en las ideas de tus padres. Luchas porque crees que es justo, y aunque esté tu hermano ante tí, defendiendo otro ideal, dudarás a la hora de dispararle o no, algo que quizás nunca te hubieras planteado.
Esta reflexión es personal e intransferible, criticable como cualquier opinión.
Las guerras civiles algo tienen que las hacen apasionantes desde el punto de vista intelectual. Su estudio es muy interesante, y las consecuencias de las acciones y resultados, fundamentales.
La Guerra de Secesión Americana presenta un atractivo que a la mayoría de los europeos, pecando quizás de similar egocentrismo que los estadounidenses, se les pasa. Algún día hablaré de grandes juegos basados en ella, como el archiconocido For the People.
Retomando el hilo, la Guerra Civil Española ha pasado por épocas de más oscurantismo -lógico dada la proximidad temporal, y a veces hasta cultural, al régimen ganador- y también ha vivido auténticos booms. En la actualidad probablemente hay menos agitación al respecto. Sin embargo, a pesar de ya han pasado muchos años desde el conflicto, la guerra y el tratamiento de ésta y de los que en ella participaron o sufrieron, han dado pie a enconados debates, enfrentamientos parlamentarios, y mucha, mucha prensa.
Amén del renacer de la investigación histórica sobre el tema, alejándose por fín de tanto iluminado angloparlante -que veían un halo de romanticismo en la guerra y escribían desde su perspectiva-, los juegos de mesa, videojuegos y otras formas de ocio han empezado a materializar ese interés por un periodo de nuestra Historia.
Ya hubo juegos al respecto (recordemos a la desaparecida NAC), pero es hoy cuando éstos se popularizan y llegan a más manos.
Haciendo un recorrido rápido, y lamentablemente breve, encontramos:
JUEGOS DE MESA

Juego de simulación de factura clásica, a nivel de pelotón y batallón. Primero de una serie -War Storm-, su autor es Juan Carlos Cebrián. Las batallas se suceden en diversos mapas genéricos, y escenarios que abarcan todos los frentes. 2 jugadores se ponen al mando de las distintas tropas y luchan codo con codo por pequeños pueblos, granjas y posiciones estratégicas.

Uno de los primeros en abrir esta pequeña caja de pandora a la que asistimos en la actualidad. Un juego de cartas diseñado por Arturo García, llevado al mercado con gran tesón por su parte. Siguiendo la estela de juegos como Magic, cada jugador -uno nacional y otro republicano- se forma un mazo con eventos políticos y militares. Estas cartas exhiben un gran trabajo de documentación por parte del autor, con fotografías de la época y referencias históricas.

Este juego, diseñado por Antonio Catalán, ofrece en cambio un enfoque más centrado en el aspecto bélico. Se trata de un juego de tablero en el que dos jugadores se enfrentan por el control de las distintas ciudades españolas, utilizando cartas históricas y virtuales -dentro siempre de razonables posibles- para refuerzos y eventos. Carlistas, falangistas, anarquistas o regulares republicanos son fácilmente reconocibles gracias al arte que exhiben las distintas fichas y cartas. Un wargame, editado por Devir, que ofrece sencillez y elegancia.
Futuros juegos
Mientras que Crusade and Revolution: The Spanish Civil War (David Gómez Relloso) se presenta como un Card Driven muy similar al Paths of Glory, The Spanish Civil War: 1936-1939 (Javier Romero) ofrece un punto de vista más tradicional, volviendo a los hexágonos y la escala de brigada. El primero será publicado por MMP, el segundo por GMT, dos compañías muy importantes en el sector, y extranjeras -lo que demuestra el interés que hay por la época-. También reseñar Triumph of Fascism (D.B. Dockter) de Clash of Arms, también un Card Driven para 2 jugadores, pero donde la política y el periodo preguerra son muy importantes.
VIDEOJUEGOS
En videojuegos encontramos que juegos como Hearts of Iron 2, de Paradox, contemplan un escenario específico para la Guerra Civil, así como la posibilidad de elegir como facción en el juego tanto a la España Republicana como a la España Nacional.

Por otro lado, encontramos juegos mediocres, creados para aprovechar una polémica que seguro superó sus propias expectativas. Me refiero al Sombras de Guerra, un juego que se vendió en los medios de comunicación como que “reabría viejas heridas”. Ello denota dos cosas. En primer lugar, la aparente mayor relevancia en nuestra sociedad de los videojuegos, en relación a los juegos de tablero. En segundo lugar, la existencia todavía de muchos resquemores al respecto de abordar esta guerra de forma abierta y sin complejos.

COMICS
Merecería mención aparte un comic en particular. Me refiero a War Story: Condors. Una obra breve pero intensa de Garth Ennis, en el que se nos da una inteligente visión de cuatro posturas diferentes. Durante un bombardeo, cuatro hombres se refugian en un cráter abierto por las bombas. Un piloto alemán convencido de la causa nazi, un socialista inglés con su irracional idealismo, un independentista irlandés sin escrúpulos, y, por último, un miliciano republicano con terribles y viscerales razones que lo llevan a combatir.

Terrible la historia que cuenta Condors, cruda y directa al estómago (algo que sabe hacer muy bien Ennis). Me sorprendió la figura del irlandés, no sabía que había existido un independentismo filofascista en Irlanda hasta que leí el cómic!
¿Sabes algo más al respecto?
El IRA perseguía un objetivo con connotaciones similares a los fascismos europeos. En contraposición a los ingleses, y sobre todo tras la guerra civil irlandesa, no es raro ver cómo pretendían posicionarse en un bloque afín y contrapuesto al liderado por el Reino Unido.
Sin embargo, hubo irlandeses en ambos bandos. Junto a franceses, ingleses o soviéticos, también hubo irlandeses de las Brigadas Internacionales. Unos 300 creo.
En el otro lado, en la España Nacional, cerca de 700 simpatizantes se pusieron bajo bandera del General O´Duffy, quien ya había participado en la lucha por la independencia. Franco aceptó con entusiasmo la ayuda, y agregó a estos hombres a la unidad que estaba bajo su mando directo cuando el Alzamiento: el ejército de África. 15ª Bandera de la Legión Extranjera Española.
Los jóvenes voluntarios provenían de zonas rurales de Irlanda, convencidos de defender la fe de sus padres. Se demostraron rudos y poco controlables, amén de que encontraban la comida poco apropiada, y no eran capaces de abandonar sus hábitos en relación a la bebida.
El episodio más triste que vivieron, antes de que muchos volvieran a su Irlanda natal, fue cuando recibieron fuego amigo por parte de tropas recién llegadas de las Canarias, que los confundieron con irlandeses de las Brigadas Internacionales.
Desde luego, una historia muy interesante, que aparece muy bien explicada en el cómic.
yo quiero jugar este juego dejenme jugar por favor