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Archive for the ‘Rol’ Category

Casi todo el mundo ha oído hablar de Dragones y Mazmorras (Dungeons and Dragons en su idioma original). Bien fuera por la serie de dibujos animados o por las características intrínsecas de su ambientación, (magia y espada) es el juego pionero y definitorio de los Juegos de Rol.
Los Juegos de Rol son muy antiguos, existían antes incluso de que Gary Gygax –recientemente fallecido- y Dave Arneson publicaran el Dungeons and Dragons original (D&D para acortar) en 1974, en el seno de una sociedad norteamericana imaginativa y bullente. Sí, Dungeons and Dragons es considerado como el juego pionero de los juegos de Rol modernos, el “padre” del boom posterior y que aún hoy sigue activo en cierta medida, pero los Juegos de Rol llevaban mucho tiempo en la cabeza de los hombres.

En las Ciencias Humanas el término es más que conocido. Historiadores, Sociólogos, Antropólogos, y Psicólogos han escrito libros sobre el “rol” o papel del individuo en las distintas sociedades y épocas, pero fundamentalmente estos tres últimos, han acuñado tal terminología al respecto de una de las técnicas más socorridas de su ciencia.

¿Y qué decir del mundo de la farándula? Los actores de un teatro configuran toda una serie de historias donde ellos son protagonistas, y el público espectador. En ocasiones hasta ese mismo público que asiste compungido a las glorias y bajezas de la vida del ser humano allí representadas, participa y se convierte a su vez en miembro activo de la historia. ¿Y no es eso un Juego de Rol?

El Juego de Rol en Psicología.

El Juego de Rol, como decíamos, en su origen está vinculado conceptual e históricamente a la Psicología, en sus más diversas disciplinas: evolutiva, clínica y pedagógica. En algunos casos se utiliza para describir un fenómeno que se produce espontáneamente, en el desarrollo ontogenético del ser humano. En otros para designar una técnica terapéutica específica.
El juego de roles es un concepto manejado por los psicólogos evolutivos del siglo XX, como Piaget o Vigotski, entre otros, para describir esa forma de interacción con el entorno, propia del niño a partir del segundo año de vida, alcanzando su punto más significativo hacia los cuatro años, y adquiriendo un carácter colectivo entre los 7 o 8 años. Durante este juego de papeles el niño se apropia de modelos de comportamiento, patrones culturales, identidad sexual, etc., avanzando desde los más cercanos roles familiares (madre, padre, abuelos, hermanos) hasta papeles complejos y distantes de su interacción inmediata (el policía, el bombero, el astronauta). La imitación, como recurso evolutivo, es la base de este juego.

Pero el juego de roles o role-playing (otra forma de denominar en inglés a los Juegos de Rol; de forma abreviada RolePlayingGame, RPG) aparecerá en psicología clínica de la mano de Jacob Levy Moreno, en el primer cuarto del siglo XX. Creador, primero, del “teatro de la improvisación”, y, en 1932, del Psicodrama como forma de terapia grupal o psicoterapia profunda de grupo, Moreno empleará el role-playing para descubrir el conflicto mediante la representación dramática de la situación conflictiva. Más tarde, hacia el 50, el traslado de los métodos terapéuticos grupales por Levin, Caillois y Huizinga, al plano social y en el entrenamiento de sujetos sanos que desempañaban tareas grupales, llevó la técnica del role-playing a las dinámicas con fines pedagógicos y sociolaborales.

El Juego de Rol en el Teatro y el Cine.

Si empezamos a reflexionar, encontraremos más evidente esa semejanza entre la teoría del Juego de Rol y la práctica en el ámbito más idóneo para ello, aquél que se fundamenta en la interpretación de otros papeles, esto es, el ámbito de la actuación. El actor, sea de Teatro o de Cine, interpreta distintos papeles a lo largo de su vida, desde un vaquero del Salvaje Oeste hasta un psicópata del Nueva York del nuevo siglo, siguiendo unas pautas dadas por el director, el autor de la obra o el guionista.

El actor juega por tanto a ser otra persona, y aquél que lo ve, a quien está destinado ese producto cultural, el espectador, asume como creíble esa actuación, identificando al actor con el papel que desempeña. Para ese público, Fernando Fernán Gómez no es Fernando Fernán Gómez, sino Don Quijote; dándose casos donde el actor llega a confundirse con los roles que desempeña, intencionadamente o no (por ejemplo Jackie Chan en el cine).

El Juego de Rol en otros ámbitos.

Desde los años 20, la interpretación de roles ha sido utilizada en contextos de política y relaciones internacionales, incluyendo organizaciones construídas tras la Liga de las Naciones, como la propias Naciones Unidas.

Los juicios falsos y las simulaciones de legislatura son también buenos ejemplos de interpretación de roles.

Además, la interpretación de roles ha sido una parte importante del entrenamiento militar por siglos. El término prusiano para ejercicios de entrenamiento militar en vivo es kriegspiel o “Juego de Guerra”.

Juegos de Mesa como Juegos de Rol

Siempre me ha gustado este artículo de Arturo Pérez Reverte al respecto de los jugadores de wargames. En El País Semanal (1996):

Los napoleones del fin de semana

Hay un brillo inquietante en sus ojos cuando acuden cada sábado a la cita. Llegan uno tras otro, casi furtivamente, con sus cajas y reglamentos bajo el brazo, como los miembros de una cofradía clandestina, dispuestos a poner patas arriba la Historia. Algunos son tipos tímidos, solitarios. En apariencia, incapaces de matar una mosca.

Pero fíate y no corras. Bajo su aspecto gris ocultan un corazón de tigre, y cada fin de semana deciden sobre la vida y la muerte de miles de seres humanos. Saben de heroísmo, y de coraje; y de encajar impávidos los azares del destino y de la guerra, tal vez más que muchos de esos militares de verdad que a veces se cruzan por la calle, con su uniforme y sus medallas que a ellos les hacen sonreír disimulada, esquinadamente, con mueca de viejos veteranos.

Los jugadores de los llamados wargames o juegos de guerra de salón nada tienen que ver con el militarismo, o las ideologías. Del mismo modo que unos juegan al tenis, otros al póker, y otros a la herencia de Tía Ágata, los aficionados al asunto, que es una especie de ajedrez pero a lo bestia, reproducen sobre tableros, con las fichas apropiadas, situaciones estratégicas o tácticas de la Historia; y basándose en complicados reglamentos, intentan darle las suyas y las de un bombero a Rommel, por ejemplo, en El Alamein; o compartir gloria con Napoleón en Austerlitz; o dar la vuelta a la tortilla haciéndole la puñeta a Aníbal en Tresino, Trebia, Trasimeno y Cannas. La forma usual es un terreno reproducido en detalle sobre grandes tableros, y allí, con piezas, soldaditos de plomo o fichas adecuadas, se desarrollan los acontecimientos históricos y sus variantes, en largas operaciones de un realismo asombroso que llegan a durar horas, e incluso días.

Como masones, los adictos al género intercambian informaciones, reglamentos, experiencias. Hay especialidades, por supuesto: artistas del combate táctico a nivel de pelotón, capaces de batirse casa por casa durante días en los alrededores de la fábrica de tractores de Stalingrado, y genios de la logística que llevan tercios a Flandes por el camino español de la Valtelina entre las diez de la mañana y las ocho de la tarde de un mismo día. A algunos les gusta reunirse en grupos, haciéndose cargo cada uno de un bando, o un cuerpo de ejército, o de una simple unidad de infantería; y otros prefieren habérselas de tú a tú con el tablero, o con la pantalla del ordenador, que facilita el juego a solateras. En cuanto a sexo, predomina el masculino; aunque no faltan excepciones, como la novia de mi amigo Miguel -el hombre que más cargas de caballería ha ordenado en la historia de la Humanidad- , que es una moza dulce y apacible hasta que el fin de semana, ante el tablero, se convierte en una despiadada y lúcida táctica, capaz de cañonearse peñol a peñol con el Victory, o putear al general Dupont en Despeñaperros hasta que el maldito gabacho pide cuartel y misericordia.

Son la leche. Cuando los ves descargar adrenalina en sus excitantes aventuras finisemanales, compruebas asombrado cómo se transforman ante el tablero para compensar otra vida a menudo monótona, tal vez insustancial. De pronto, inclinados sobre los hexágonos del mapa, considerando los factores de movimiento entre Washington y Gettysburg o la potencia de fuego de una división Panzer en los campos embarrados de Smolensko, les aflora toda la seguridad, toda la pasión, todas las cualidades buenas o malas reprimidas en el día a día: abnegación, buen juicio, crueldad, rapidez, egoísmo, iniciativa, sacrificio. Y comprendes que resulta imposible saber lo que cada ser humano, incluso el de apariencia más torpe, bondadosa, malvada o gris, atesora en su corazón o su cabeza.

Y además, comprendo el placer personal intenso, fascinante, de hacerle trampas a la Historia. De romperle los cuernos a Bismarck en Sedán, o destrozar los cuadros escoceses en Waterloo. O volver a la oficina el lunes por la mañana y dirigirle al imbécil de tu jefe una sonrisa enigmática que él nunca entenderá, ignorante del momento de gloria infinita que viviste a las tres de la madrugada de ayer, cuando, tras doce horas de combate, encendiste con mano temblorosa un cigarrillo para contemplar desde el alcázar del Santísima Trinidad, entre los mástiles derribados y los pasamanos hechos astillas, como ardía la escuadra inglesa frente al cabo Trafalgar.

Reverte, fascinado, nos transmite ese sentimiento de asombro y nos contagia la pasión de aquellos que aprenden a la vez que juegan. En este caso son juegos de estrategia o wargames, pero su narración llena de admiración nos sirve de igual manera para videojuegos o juegos de rol.

Puede que muchos de los que estén leyendo estas palabras en este mismo momento, no sepan que era el paso de la Valtelina, o qué pasó exactamente en El Alamein. Son fallos de nuestra educación, lagunas de cultura general fácilmente paliables, pero, reflexionemos unos instantes… estas personas, adolescentes o adultos, hombres o mujeres, lo saben perfectamente, y lo saben no porque hayan echado horas delante de farragosos libros de Historia (esa asignatura tan odiada e inutil), si no porque en su tiempo libre lo han aprendido, viviendo los hechos, recreándolos.

Y no están locos.

Una tarde se reúnen un grupo de amigos, y en torno a una mesa, desarrollan las estrategias de Napoleón, comprenden en carne propia la situación apurada de Alemania hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, y sufren con cada irracional baja en un frente de guerra.

Disfrutan de la Historia. Cualquier profesor de Historia se sentiría inmensamente satisfecho con ellos. La conocen, la comprenden, y aprenden a amarla como legado de la Humanidad.

Continuando con los beneficios del uso adecuado de estas formas de ocio, e intentando acabar con mitos y opiniones adversas que se han creado en torno a ellos, recomendamos visitar, al respecto de los juegos de rol, las siguientes páginas:

– Un interesante artículo sobre el Rol, sus virtudes y su historia mediática en:

Juegos de Rol en Educación Primaria y Secundaria

– El estudio realizado por el Ministerio de Educación de España en:

Los Juegos de Rol según el MEC

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¿Es peligroso jugar a Rol?

Entendiendo por rol como todo aquel juego en el que el jugador representa un papel ajeno al suyo cotidiano, podríamos englobar desde los clásicos juegos de rol -Dungeons and Dragons-, hasta los narrativos o los juegos de tablero temáticos -donde se representa a un general, a un gobernante de un país etc.-.

De la misma manera de que uno se plantea si comer en demasía o si tomar muchos medicamentos al día es malo, la Sociedad, y en especial los medios de comunicación, llevan mucho tiempo preguntándose si es malo jugar a Juegos de Rol. No es extraño ver como los casos que han derivado en tragedias han creado verdadera alarma entre los ciudadanos, espoleados por televisiones, periódicos y radios, deseosos, por un lado, de hacer leña del árbol caído, y, por otro, de aumentar su audiencia con el escándalo.

De hecho, hasta hace poco, cada vez que se cometía un asesinato extraño, o una incursión en algún cementerio, el portavoz de la policia declaraba sin ambajes que: “seguían la hipótesis de que era una secta satánica o un juego de rol”.

Para la Sociedad tanto da una opción como la otra. No se plantean si ha sido un grupo ultra de un equipo de fútbol, un desequilibrado estresado por la hipoteca, o un grupo de universitarios borrachos que querían comerse el mundo. No, ya que eso cabe dentro de los límites de lo razonable y cotidiano para la Sociedad. No es una gran noticia, que inspira miedo y morbo. Si no hay nada mejor, pues se presenta. Si no, mejor algo más sonado. Acudamos entonces a los raros, a aquellos que se sitúan más allá de las lindes de lo conocido.

¿Jugar a este tipo de juegos conduce a la violencia o la locura? Planteémoslo desde otro punto de vista. El actor que ha hecho de Don Quijote, Don Mendo, Sigfrido y Lanzarote, ¿está loco? Chuck Norris, con su uniforme de Ranger de Texas, ¿incita a la violencia? Quien vea a Anthony Hopkins haciendo de Hannibal Lecter ¿se comerá a su compañero de piso?

Eso no nos lo planteamos, ¿verdad? En un marco de libertad, y ante productos culturales solventes y con una industria cimentada, los valores que puedan transmitir y sus posibles influencias en nosotros, son lo de menos. Claro que de vez en cuando hay alguna critiquilla, pero tampoco hay que extremarse. No estamos en una dictadura, ni hay censura.

Lo fundamental de este debate ético es ¿qué hay de malo en los Juegos de Rol? Tienen muchas ventajas, pero también inconvenientes. Como todo en la vida, la mesura presenta un lado beneficioso, y el exceso o el mal uso lleva al problema.

¿Que hay alguien que se lo cree todo? Sería lo mismo que decir que leer el Código Da Vinci puede ser peligroso porque veríamos por todas partes a asesinos del Vaticano y conspiraciones encubiertas. Nos volveríamos masones o paranoicos. ¿Cuánta gente ha muerto por heridas de arma blanca? ¿Miles? ¿Millones a lo largo de la Historia? Entonces, velando por nuestra seguridad mental y física… ¿alguien ha prohibido los cuchillos? No he visto a nadie correr, después de que apuñalaran a alguien, a la fábrica de navajas suizas para cerrarla, iniciando con ello un debate en todas las televisiones sobre para qué compra de verdad la gente esta clase de artilugios.

¿De quién es la culpa? ¿Del cuchillo, del que fabrica el cuchillo, del que lo coge o de quién se lo pone a su alcance? No es fácil, ¿verdad?

Una persona desequilibrada puede jugar a un Juego de Rol un día y matar a alguien horas después, creyendo ser un adalid del bien luchando contra las fuerzas del mal encarnadas en su víctima. Es posible, lo admito. Pero una persona desequilibrada también puede ver una película como Superman y tirarse desde un quinto piso; o ver Harry Potter y ponerse delante de un tren gritando un hechizo; o leer las Crónicas Vampíricas de Anne Rice y matar por la noche a todo el que pille creyéndose vampiro; o coger un ladrillo y estampárselo a otro en la cabeza… las posibilidades son infinitas, y, sin embargo, ¿destruimos el emporio económico de J.K. Rowling? ¿metemos a Rice en la cárcel por escribir que los vampiros existen? ¿acabamos con la construcción?

Juzguen ustedes mismos. Estamos ya mayorcitos para cabezas de turco tan facilonas.

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