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Posts Tagged ‘Guerra de los Ochenta Años’

-Los rebeldes: calvinistas, nobles y burgueses. Al frente de la rebelión encontramos a gentes de distintas extracciones sociales. Sin duda, uno de los motores de la búsqueda de la independencia fue Calvino, al sembrar la semilla de la disensión frente al catolicismo. Juan Calvino, desde su feudo de Ginebra, predicaba una austera visión del cristianismo, desligándose de la iglesia luterana. Su credo, que conjugaba esa reducción del culto a lo esencial con un apoyo al desarrollo económico, ha hecho que algunos historiadores vean en él una especie de pre-capitalismo en ciernes.

El calvinismo se perfila como una doctrina rigurosa, que se asienta en los Paises Bajos y se extiende en parte gracias a su dureza y severidad. Desde sus postulados sobre la predestinación de las almas hasta la condena de Miguel Servet, todo contribuye a ello.

Por otra parte, los nobles, desde el conde Egmont hasta la dinastía de los príncipes de Orange-Nassau, aprovechan esta situación para independizarse del poder real.

Por último, los burgueses anhelan librarse de las cargas fiscales a las que les somete la corona española. Gracias a su unión con el calvinismo, además, las ciudades adquieren verdadera autonomía y todo burgués aspira a controlar su ciudad sin rendirle cuentas a nadie más que a sus conciudadanos.

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Flandes, un territorio difícil para la corona española. Una más de las posesiones unidas al Imperio Español por la herencia de Carlos I de España y V de Alemania. El joven Carlos recibiría estas tierras de su abuela paterna, María de Borgoña, y poco podía sospechar entonces los quebraderos de cabeza que supondrían para él y sus sucesores.

Los Paises Bajos eran un conglomerado de ciudades ricas y emergentes, en una posición estratégica, crucial para el mantenimiento de la idea imperial y el desarrollo de los diversos conflictos entre las potencias europeas.

Muchas fueron las razones que convirtieron esta zona en un hervidero de descontentos. Una de ellas, importantísima, fue el contacto con los cambios religiosos de la época que se gestaban en naciones vecinas. El calvinismo halló terreno fértil, y ello, unido a las pretensiones económicas, las influencias foráneas y un sentimiento natural de independencia de un poder demasiado lejano, desembocaron en el conlicto armado. Una guerra difícil y a trasmano, en la que se acuñará la popular frase “poner una pica en Flandes”, sinónimo de llevar a cabo una gesta complicada y quizás poco fructífera.

Una guerra larga, espaciada, que derivará en la constitución de una nación que será muy importante en siglos venideros: Holanda.

PROTAGONISTAS

-El Reino de España: dinastía gobernante la casa de los Habsburgo, también conocidos como los Austrias. Carlos I, Felipe II, Felipe III y Felipe IV afrontarán con mejor o peor fortuna la rebelión de las Provincias Unidas.

Carlos I, nacido en Gante, luchará contra la herejía religiosa. También se verá obligado a sofocar una revuelta iniciada en su ciudad natal a raíz de los impuestos necesarios para sufragar las continuas guerras del Emperador. En 1555 comenzaba a delegar responsabilidades en sus hijos. La soberanía de los Paises Bajos sería el principio, dejándola en manos de su hijo Felipe II.

Felipe II continúa con la sagrada misión de su padre. Establece la Inquisición en Flandes. La reacción no se hará esperar. Mediante el llamado Compromiso de Breda se reclama la libertad religiosa.

El rey Felipe enviará al Duque de Alba -al frente de los famosos Tercios- para acabar con los distubios iconoclastas. Instituirá el Tribunal de los Tumultos (1567) o de la Sangre, y para culminar la pacificación de la zona, tenderá una trampa a varios de los nobles instigadores del Compromiso de Breda. Su gobierno militar, que tuvo que hacer frente a revueltas y acciones de los llamados “mendigos del mar” -mercenarios alemanes-, será sustituido por una vía más negociadora, Requesens. Guillermo de Orange comenzará desde el exilio en Alemania a financiar tropas para luchar contra los españoles.

Luis de Requesens suprimirá el Tribunal -llamado de la Sangre por los rebeldes- e iniciará contactos para solucionar el conflicto. Sin embargo, la inmovilidad del rey en cuanto a concesiones y las dificultades de mantener una guerra lejana y costosa, llevarán a que Guillermo de Orange se alce como estatúder de Holanda y Zelanda.

Don Juan de Austria será el nuevo gobernador de los Paises Bajos. Tras el saqueo de Amberes, los rebeldes forman un frente unido en contra de la corona española. La política conciliadora de Don Juan llevará a un acuerdo con el Príncipe de Orange, que no será respetado por los protestantes. Las provincias de los Paises Bajos se dividen en su búsqueda de apoyos: unas, las calvinistas, ofrecen su soberanía a Francisco de Valois, otras se ponen bajo el gobierno de Guillermo de Orange, y las católicas se ponen bajo el gobierno del archiduqe Matías de Habsburgo.

Será Alejandro Farnesio quien sustituya a Don Juan de Austria en esta difícil situación. Los católicos, presionados por los calvinistas y sus persecuciones religiosas, se ponen de nuevo bajo el amparo real mediante la Unión de Arrás. En respuesta, las provincias calvinistas del norte forman la Unión de Utrecht.

Aún no ha terminado el siglo XVI y la situación cada vez es más complicada. Las victorias militares de Farnesio junto a la muerte de algunos de los líderes principales de la rebelión, llevará a que las potencias extranjeras vecinas se posicionen. Inglaterra no ve con buenos ojos la victoria española, mientras qu ela posición francesa se clarifica tras la subida al trono de Enrique de Navarra. Isabel I se decidirá finalmente a intervenir en apoyo de los rebeldes.

Tras años de guerra, en los que la retirada de Alejandro Farnesio para ayudar a la Liga Católica francesa supondrá un nuevo avance de los rebeldes y el gobierno de Isabel Clara Eugenia sólo será nominal, se llegará a un período de paz, la Tregua de los Doce Años. Las tropas españolas han visto cortada la via de acceso terrestre a Flandes, mientras que las Provincias Unidas rebeldes se han constituido en República, y su hegemonía parece incontestable.

En los años veinte del siglo XVII, se reanudan las hostilidades. La rendición de Breda, inmortalizada en el cuadro de Velázquez de Las Lanzas, marcará la etapa final, en la que se demostrará que España no es capaz de recuperar las posesiones perdidas ni los rebeldes de someter por completo al sur. Tantos años de conflicto llegarán a su fin con el Tratado de Münster en 1648.

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